Nacido el 11 de diciembre de 1942. Correntino de nacimiento. Peronista desde chiquito como su padre, que era analfabeto. Su madre, gravemente enferma con anterioridad, pudo recuperarse gracias a los cuidados brindados por Evita a través de la Fundación que llevaba su nombre. Con doce años se trasladó con su familia a Buenos Aires y debido a la situación económica paupérrima que atravesaban debieron salir a trabajar, por lo que no puedo terminar el secundario. En 1959 conoció a su mujer, en la “Algodonera Textil”, en el ámbito de trabajo compartido, con la que luego tuvo dos hijos. En 1962 cumplió con el servicio militar obligatorio y recibió instrucción militar. Al año siguiente, con la baja en su poder, ingresó a trabajar en la fábrica de tractores Deutz Cantábrica (DECA) siendo integrante de su comisión interna. En un principio hizo causa común con la lista del secretario general del sindicato de mecánicos (SMATA), “el gordo” José Rodríguez, pero luego visualizó la traición de este tipo de dirigentes con las bases que representan y pasó a ser su adversario. Rodríguez no paró hasta hacerlo echar de la fábrica y del gremio, pero quienes conocían el entramado de esta historia, dicen que el sindicalista no se la llevó de arriba, y aseguran que el propio Sabino le pegó una paliza. Más tarde se relacionó con la “Agrupación Peronista Lealtad y Lucha” de Córdoba y por otro con la gente porteña de la revista “Cristianismo y Revolución”. Fue dirigente de la Juventud Obrera Católica (JOC). Para ese entonces vivía en una casilla prefabricada en San Miguel, provincia de Buenos Aires y trabajaba en un taller metalúrgico de Colegiales lo que lo obligaba prácticamente a vivir viajando. En agosto de 1968 participó del 1º Congreso del Peronismo Revolucionario y en enero del año siguiente, concurre al plenario peronista de Pajas Blancas, Córdoba. Pasó por un período de clandestinidad y persecuciones, su mujer María recuerda haber entrado con su pequeño hijo a un bar a tomar algo fresco. Allí había un televisor prendido para esparcimiento de los parroquianos y de pronto aparece la figura de Sabino en la pantalla, buscado por la Policía Federal. El niño conmocionado le dice a María a los gritos: “Mamá ahí está Papá”. La madre no sabía a donde meterse y huyó despavorida con su pequeño hijo del bar.
Una fría noche de junio de 1971 estaba en su Peugeot 404 rojo, en la puerta de una casa, en Bermejo 560, en Villa Ballester, San Martín, provincia de Buenos Aires. De la nada aparecieron un par de policías –un cabo y un agente- con el ánimo de identificarlo. Él estaba buscado. Dijo que tenía sus documentos en un maletín guardado en el baúl del auto y hacia allí se dirigió. Sacó el maletín, pero también un 38 largo con el que apuntó a los agentes. Estos se resistieron y uno se abalanzó sobre él, lo esquivó, y ultimó a ambos. Los desarmó, les sacó inclusive una metralleta que había en el patrullero, subió a su coche y se fue. Por esa razón apareció en Córdoba y se hizo cargo de dicha Regional. La muerte lo atrapó y no lo dejó ir en esa provincia, por las sierras de Alta Gracia, en la localidad de Agua Negra. El 22 de julio de 1971 lo sorprendieron tratando de “hacerse” de un par de automóviles en Río Cuarto, con tres compañeros más. Los necesitaban para un operativo. Comenzaron una persecución implacable de la policía provincial que lo hierió en el hombro, en una pierna y lo acorralaron mal herido, en la zona serrana. Antes de morir desangrado, tiene tiempo para ordenar a un compañero suyo (Jorge Alberto Cottone) que se escabulla, como éste no quiere dejarlo solo, le ordena: “Yo soy el Jefe y ordeno que usted se salva”. Ya antes de Sabino, en un cerco en la ruta, muerió un compañero que iba con él, “El Negro” Díaz, delegado ferroviario de esa ciudad riocuartense y cayo detenido luego, Cecilio Manuel Salguero.
Navarro falleció el 28 de julio de 1971 a la edad de 29 años. Las batidas en la zona, primero policiales y luego militares, con la ayuda de un baqueano, al fin encontraron su cadáver en una cueva, recostado en unas piedras y sosteniendo una pistola amartillada. Era para entonces el 27 de agosto. El jefe del operativo policial ordenó que se le corten sus manos para que pueda ser identificado. Numerosas Unidades Básicas peronistas en todo el país llevarán su nombre como homenaje, entre esa fecha y 1975. Inclusive el conjunto folclórico “Huerque Mapu”, le brinda un tema estrenado el 28 de diciembre de 1973 en el Luna Park, que en una de sus coplas –letra de Alberto Molinas Benuzzi- dice: “Los engañamos hermano, ellos creen que te tienen y sólo guardan tu cuerpo, sin las manos, que siguen armadas en los brazos de tu pueblo montonero”. Sus restos enterrados como “N.N.” en el cementerio de San Vicente, fueron recuperados por la organización guerrillera peronista –por gestión de Arnaldo Lizaso- y llevados al de Olivos, el domingo 11 de agosto de 1974 en el marco de una multitudinaria manifestación popular. Ya más aquí en el tiempo, el día sábado 29 de julio de 2023 al mediodía, se realizó un acto recordatorio a la memoria de José Sabino Navarro en la Casa de la Memoria “Jorge ‘Nono’ Lizaso” en la localidad de Vicente López, provincia de Buenos Aires, un espacio cultural que fue Unidad Básica en los ’70. Estuvieron presentes familiares y viejos militantes y otros actuales; también concejales de la zona.
